El Primer Año de la Presidenta Sheinbaum: IMSS el paciente crónico de la 4T

Por Dr. Juan Manuel Lira Romero

La presidenta Claudia Sheinbaum concluye su primer año de gobierno con un capital político envidiable: una aprobación récord de entre 70-78 por ciento, cifra que supera a sus cuatro predecesores. Ese capital no es menor en un contexto polarizado. Esta elevada aprobación parece estar directamente vinculada a una estrategia de continuidad y profundización de la política social.

El gobierno no solo ha mantenido, sino que ha expandido y elevado a rango constitucional los programas de bienestar, como la pensión para 13.2 millones de adultos mayores y las becas para millones de estudiantes. Esta política pública se centra en la redistribución directa y la garantía de derechos sociales como pilar de la gobernanza.  

Por lo que respecta al balance en salud, este se centra en los esfuerzos por recuperar el abasto de medicamentos a través de un nuevo mecanismo de compras consolidadas y las “Rutas de la Salud”. La apuesta por la atención preventiva está en el programa “Salud Casa por Casa”, que pretende dar servicios a 13 millones de adultos mayores en sus hogares, y en el esfuerzo por retomar la vacunación de menores. Medidas adecuadas para corregir problemas heredados; el tiempo expondrá sus alcances.

Asimismo, la decisión de regresar la rectoría de la Secretaría de Salud a la junta de gobierno del IMSS Bienestar es una medida acertada para la conducción de esta naciente institución que debe brindar atención a poco más de 50 millones de mexicanos sin seguridad social.  

Por otra parte, el diagnóstico de lo que la presidenta Sheinbaum heredó en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se encuentra muy alejado de la narrativa oficial. Durante los últimos tres años, esta institución encabezó cada año las denuncias por violaciones al derecho humano a la salud ante la CNDH, con más de 15 mil expedientes. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH 2024), seis de cada 10 derechohabientes del IMSS se atienden en el medio privado, mientras que el 47 por ciento de los que sí se atienden en el Instituto tuvieron que comprar sus medicamentos.  

Para comprender la persistencia de estos problemas es necesario el concepto de «ceguera de taller». Este término de la psicología organizacional describe cómo, debido a la rutina y la familiaridad, los directivos normalizan prácticas ineficientes o disfuncionales, volviéndose «ciegos» a problemas que para un observador externo son evidentes.

Imaginemos a un médico veterano que ha tratado la misma enfermedad crónica miles de veces. Al principio, cada síntoma era una alerta. Con los años, la fiebre persistente y el dolor agudo se convierten en la «normalidad» del paciente. El médico ya no busca una cura radical; se limita a gestionar los síntomas. Esta es la “ceguera” que padece el IMSS. Son los síntomas crónicos del paciente que todos han aprendido a sobrellevar. El desgaste profesional, (burnout) por su lado, drena la energía emocional y cognitiva de equipos sometidos a objetivos que exigen más producción con trámites inerciales e incentivos mal alineados.  

Esta condición está reconocida académicamente en los funcionarios transexenales. No son villanos (sus ventajas son innegables: memoria institucional, continuidad, conocimiento, etc.), pero la permanencia prolongada, sin contrapesos ni rotación, tiende a blindar rutinas y a resistir rediseños. Con el tiempo, la organización se hace hábil para comunicar productividad, pero renuente a exhibir métricas incómodas. El funcionario no es que no vea el problema, sino que lo “normaliza”: se mejoran los números, pero no mejora la experiencia ni la calidad de la atención hacia el paciente.

El IMSS del «segundo piso» de la Transformación no debe entenderse como «hacer más» como si se tratara de producción en una fábrica, sino en hacerlo mejor y de manera comprobable: Más resolución y menos peregrinaje; gestión adecuada de las listas de espera mediante un Centro Coordinador centralizado administrativamente, pero descentralizado operativamente; surtimiento completo en la primera visita medido con  verificación a pie de paciente; rotación funcional de mandos en nodos críticos, programación, farmacia y almacenes; sustitución de liderazgos intermedios, auditorías cruzadas y sanciones donde proceda; cultura anti burnout al personal de salud; trato digno y humano al derechohabiente, entre otras acciones.

El balance del primer año de la doctora Claudia Sheinbaum es claro: hay aprobación, margen político e impulso operativo. Falta la pieza que convierta el aplauso en legitimidad medible. El IMSS tiene la experiencia y la escala para liderar ese giro si acepta un espejo sin indulgencia: El “segundo piso” debe edificarse sobre cimientos nuevos y no sobre cimientos agrietados. El IMSS debe mirarse con otra lógica: abandonar la comodidad de que “el volumen y los números resuelven”, por la corrección de sus problemas estructurales con método científico y humanismo, y eso la presidenta lo sabe bien. La política también se mide en la voluntad de corregir a tiempo.

Descubre más desde Sureste360

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo