¿Un nuevo modelo de abasto de medicamentos?

por Dr. Juan Manuel Lira

En un contexto en el que la falta de medicamentos ha sido un tema central en el debate público, el subsecretario de Integración y Desarrollo del Sector Salud, Eduardo Clark, ha planteado un nuevo modelo en el abasto de medicamentos a partir de 2027, una vez que concluyan los contratos de la licitación de medicamentos e insumos médicos 2025-2026.

El anuncio, compartido en la más reciente sesión de la Academia Nacional de Medicina, propone una estrategia para optimizar la compra y distribución de medicamentos en el sector público. De acuerdo con esta visión, el gobierno mexicano no solo adquiriría los medicamentos, sino que también garantizaría su entrega y dispensación de forma eficiente.

“Lo que han hecho muchos países del mundo de manera exitosa y una parte del sector médico privado (…) es un proveedor de servicios integrales de farmacia que nos permita que lo que se compre o lo que se adquiera por cada institución garantice dispensarle al paciente”, explicó el subsecretario.

Clark reconoció que nos encontramos en “momentos críticos de abasto”, lo cual subraya la urgencia de replantear los mecanismos que han regido la adquisición y distribución de medicamentos en los últimos años. Este reconocimiento abre la puerta a examinar a fondo las estrategias previas y a diseñar una propuesta capaz de responder a los desafíos pendientes.

Sin embargo, el modelo esbozado aún plantea preguntas sobre su planeación, implementación y alcances.

Por ejemplo, ¿cómo operaría este servicio integral de farmacia? ¿Estaría a cargo del Estado, mediante BIRMEX, o se contemplaría la participación del sector privado en alguna fase del proceso? Desde la administración pasada, el gobierno ha cambiado en repetidas ocasiones la estrategia de abasto de medicamentos a la espera de que se estabilice el suministro. Sería deseable que esta nueva propuesta considere aquellas lecciones para evitar repetir errores y fortalecer los logros alcanzados.

El subsecretario también mencionó que las instituciones de salud pagarían los medicamentos solo una vez que sean dispensados. Esta idea resulta atractiva para promover la eficiencia. Sin embargo, plantea dudas sobre la viabilidad financiera si es que las instituciones no cuentan con los recursos suficientes. Basta recordar que hay una deuda de 11 mil millones de pesos con la industria farmacéutica. ¿Cómo se diseñará un esquema que garantice el flujo de pagos sin afectar la sostenibilidad de las instituciones?

Otro punto a considerar es la posible similitud con modelos internacionales. Si el proveedor fuera público, ¿se asemejaría al modelo de abasto farmacéutico del National Health Service británico? Y si se opta por un proveedor privado, pero bajo supervisión gubernamental, ¿se tomaría como referencia el sistema de Pharmacy Benefit Managers (PBM) de Estados Unidos? La segunda opción podría traer consigo cuestionamientos, pues en su momento se decidió prescindir de distribuidores privados con el argumento de combatir la corrupción. Conviene analizar a fondo cómo integrar a distintos actores sin perder la transparencia y la rendición de cuentas.

En cuanto al marco legal, el subsecretario comentó que se busca priorizar la entrega de medicamentos por lo que: “estamos tratando de modificar ese modelo (el actual) (…) y no necesariamente los procesos de cumplir a cabalidad con la ley de adquisiciones del sector público” ¿Se trata de un llamado a flexibilizar algunas normas para agilizar compras y abastecimiento, siempre y cuando se mantengan mecanismos claros de supervisión y de prevención de malas prácticas?

Por años, el desabasto ha generado incertidumbre en pacientes y médicos, quienes necesitan la seguridad de que los tratamientos estén disponibles cuando se requieran. Si el nuevo esquema aspira a ser transformador, su implementación debe contemplar una planeación cuidadosa, un financiamiento adecuado y una supervisión continua para que los errores del pasado no se repitan.

La propuesta de un nuevo modelo de abasto de medicamentos a partir de 2027 representa una oportunidad para repensar la forma en que México maneja su política farmacéutica. En los próximos meses, será crucial que el gobierno detalle con precisión cómo operará este esquema, cómo se vinculará con las instancias estatales y cómo se garantizará la estabilidad del suministro.

Más allá de los aspectos técnicos, lo que está en juego es la confianza de la población en el sistema de salud “La única manera en la que nos van a medir todos los mexicanos y el gremio no tiene que ver con qué padres procesos tenemos, tiene que ver con cuántos de los medicamentos que pide la población efectivamente están siendo entregados”, enfatizó el subsecretario.

¿Este modelo de abasto será el verdadero punto de inflexión que resuelva el problema de fondo? Sin duda, la forma en que se desarrolle y concrete la iniciativa responderá a esta interrogante.

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