Playa del Carmen se ahoga en sargazo mientras la economía se desploma

Lo que debió ser un mes de reactivación económica y picos positivos gracias a la derrama del Mundial se ha transformado en una catástrofe turística y financiera nunca antes vista en Playa del Carmen. Hoy, todos los rincones de la ciudad, desde los grandes hoteleros hasta el comerciante local, están viviendo los estragos de una temporada baja histórica, provocada por la pésima fama que ha ganado el destino debido a una crisis que ya salió de control, el sargazo y la pestilencia que inunda las costas.

 Ciudadanos y empresarios señalan directamente a la presidenta municipal, Estefanía Mercado, y a su cuadrilla de colaboradores, a quienes acusan de implementar una «estrategia» fallida que solo ha servido para saquear el presupuesto del municipio mientras las playas lucen completamente abandonadas. 

La indignación social ha estallado tras revelarse el nulo perfil técnico de quienes están al frente de las dependencias clave. La pregunta que hoy corre como pólvora en todo Playa del Carmen es contundente: ¿Qué estudios tienen la secretaria de Medio Ambiente, Kandy Mendoza, y el Director de Zofemat, Irving Madrigal, como para darles el mando de la «estrategia» anti sargazo?.

La realidad en las playas demuestra que estar en la Dirección General de Medio Ambiente implica una responsabilidad científica y logística que supera por mucho sus capacidades. Las críticas apuntan a que las prioridades de estos funcionarios están desviadas: «Estar ahí es mucho más que dedicarse a cobrar por permisos y fomentar el ambulantaje, o salir a decir la burla de que el sargazo mágicamente se hace arena. ¡Es un cochinero nunca antes visto y una peste insufrible!»*, reclaman con impotencia los locales. 

 Aunado a la evidente falta de preparación, existe una fuerte sospecha de que la actual administración busca sacar tajada de absolutamente todo, incluso del millonario presupuesto destinado al combate del sargazo.

 Mientras los recursos desaparecen en la opacidad, las barreras antisargazo no funcionan, las lanchas recolectoras brillan por su ausencia y las playas se tiñen de marrón.

 La mala fama internacional ahuyenta a los visitantes, dejando hoteles, restaurantes y comercios vacíos en pleno mes mundialista. 

La descomposición del alga genera gases tóxicos y un olor insoportable que ahuyenta a cualquiera que intente acercarse al mar. 

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