La dignidad laboral y el humanismo en el IMSS: Todos somos Dichi

 Dr. Juan Manuel Lira Romero

Hay cartas que más que denunciar desnudan el alma de una institución. La doctora María de los Ángeles Dichi Romero, exjefa de Servicio de Prestaciones Médicas de la Delegación -OOAD- Estado de México Oriente, es una profesional que como muchos otros funcionarios dedicaron su vida al IMSS, la jubilación no llegó con la paz del deber cumplido, sino con la necesidad de romper el silencio frente a un estilo de mando que fracturó equipos previamente exitosos. Su testimonio pone palabras a una sensación que recorre las venas de nuestra seguridad social: el sentimiento de que la dignidad del trabajador ha sido sacrificada en el altar de las métricas políticas.

Dichi Romero describe un «calvario» bajo el mando de la «Maestra Josefina Estrada» titular de la Delegación Estado de México Oriente del IMSS. Relata encierros de más de 11 horas, el retiro de celulares a médicos y una vigilancia punitiva: Cámaras por todos lados y un monitoreo obsesivo desde su oficina”. Sentenciando que: “Un mal líder que agrede, humilla, abusa de su posición y del respeto jerárquico no logra un trabajo en equipo”.

La denuncia no es una queja aislada; es un síntoma de una patología organizacional que la literatura administrativa explica con claridad. Investigaciones globales de firmas como Gallup han demostrado que los jefes directos influyen en el 70 por ciento del peso en el ánimo y las ganas de trabajar de sus colaboradores. Este fenómeno se traduce en lo que la literatura académica denomina «desinterés laboral» o disengagement, un estado donde el trabajador, aunque está físicamente presente, se ha desconectado emocionalmente de sus responsabilidades debido a un entorno laboral punitivo.
¿Cuántos directivos como la Dra. Dichi no hay en las oficinas centrales del IMSS o en Delegaciones como Jalisco, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosi y muchas otras que hoy levantan su voz y expresan “Todos somos Dichi”? Este eco no nace de un ataque al instituto, sino paradójicamente de “amor y agradecimiento” hacia la institución que expresan un número importante de trabajadores operativos y directivos de la Institución que hoy en día sienten una “orfandad institucional”.

En México, la administración pública contemporánea atraviesa una transición hacia modelos de gestión que pretenden ser más humanistas, eficaces y eficientes. Ese es el modelo que pretende implementar la presidenta Claudia Sheinbaum desde que inició su administración. Ese es el camino correcto de una administración que busca transformar a las instituciones del Estado en beneficio de los más vulnerables.

Si buscamos un IMSS que realmente escuche y alivie, el liderazgo humanista debe descender de los discursos para llegar al trato digno en la ventanilla, el consultorio y la oficina delegacional. La salud de nuestra mayor institución social depende de que la realidad operativa deje de ser ignorada por quienes tienen el poder de transformarla. Sin duda será en beneficio de un IMSS que saldrá fortalecido.

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